Concepto sobre la obra de Bonilla más inquietud que análisis


Observo sus trabajos y ellos desplazan mi atención hacia espacios móviles, susceptibles de trasladarse en el tiempo, de una era a otra, de una era estática a una era digital; lo mismo ocurre con los seres que se traslucen en sus obras, que se constituyen en un “ir y venir” no tanto en el espacio sino en el tiempo.

Esta cinética parece proceder del marcado contraste entre la monumentalidad de la arquitectura, deliberadamente medieval o urbana clásica, y la fusión o mixtura digito-fotográfica de seres en fuga, en un “ir y venir” que refleja la realidad inmanente en la cotidianidad actual. Los espacios amplios y abiertos ponderan dicha majestuosidad arquitectural y enfatizan la condición efímera del ser. La reflexión de señales (símbolos y flechas) constituye elementos orientadores que se erigen sin cumplir su cometido ante la evidente inmersión del elemento móvil en su propio “afán”.

El color es un elemento que sirve de apoyo a lo anterior y se expresa con rotundidad en las penumbras para iluminar ese tránsito hacia lo ignoto que, sin embargo, marca la persistencia de la cotidianidad de los seres que van y vienen hacia un no sé qué y a un no se para donde. El conflicto se acentúa con el refuerzo geométrico que logra dramatizar aún más la fuga y la transitoriedad de la circunstancia. La persistencia del rojo es enfática en el contexto de la obra para apoyar tal apreciación.

LUIS FERNANDO VALENCIA Q.

Miami, noviembre 17 de 2014


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